CAMBIO A MI MADRE POR UN CAMELLO. MEJOR VER

Nuestra dosis diaria de aventura marroquí

Rabat, primera parte

¿ Cuando salí de Salé dejé enterrado mi corazón.

CHAOUEN

¿El lugar donde todos los días las cicatrices se marchitan.

Franco, ese hombre

¿ Españoles, el secreto mejor guardado de Chefchaouen.

Morgan, puedo yo foto with you?

¿En cada bazar hay una sorpresa a la vuelta de la esquina...

Ouarzazate, cámara... acción

¿Visita a la meca del cine en África.

Gofio bereber

¿"El sahariano", sabor canario en un zoco de Agadir.

Fez, ciudad imperial y acongojante

¿Recorremos la medina de las nueve mil calles entre cabezas sangrantes de camellos, vendedores ambulantes y, glubs, navajeros por doquier.

Los huevos sobre la mesa

¿El día que Guille miccionó... en la recepción de un hotel.

jueves, 3 de octubre de 2013

Alá dame un camello

A falta de otra cosa mejor que hacer en Fez, nos empapamos de sapiencia islamista. Leemos en internet: La súplica es un acto obligatorio de adoración. El Profeta dijo: Aquél que no suplica a Alá, Alá se enoja con él. Alá ama las súplicas de sus siervos, ama a los que insisten y repiten sus súplicas con esperanza. 
Estas inspiradoras palabras nos abren el corazón.  

Nos plantamos en la sala de oración de la madrasa Al-'Attarin de Fez (u otra parecida, que para eso teníamos un guía que se lo inventaba todo), y Guille vio la luz... así que decidió hacer un poco de gimnasia suplicatoria, a ver si así tenía alguna mínima posibilidad de que se le abrieran las puertas del Paraíso. 
Alá dame un camello...
Alá dame un camello...
 Alá dame un camello...

Al... ¿Alá?... ¿¿¿perdona???

¿Y el resto del camello? Parece que Guille suplicó poco y Alá le respondió proporcionalmente.

miércoles, 2 de octubre de 2013

Misión cumplida

Si hoy es dos de octubre, ayer estuvimos de nuevo en Marrakech, porque nos encanta, nos pillaba de camino a Fez, y además teníamos una misión que cumplir: entregar ésta y otras fotos a unos viejos amigos de Quina (está de lado porque las gallinas pesaban tanto que ha sido imposible enderezarla).
Quina, la señora de los pollos y su marido ya te han retirado la maldición de Alá y te mandan muchos recuerdos (o algo parecido, que como ya no estás no tenemos traductora de árabe). También saludamos de tu parte a Kunta el del cachivache de ébano, a los niños de los piojos, a tu grupo de músicos bereberes y a todos los pedigüeños de la Jemma-el-Fna. Dicen que a ver cuándo vuelves, que con lo que les diste sólo tienen para vivir seis meses.



martes, 1 de octubre de 2013

Ley (pestilente) del Talión

Otra vez horas de viaje a porrillo, y ya llevamos a las espaldas dos mil kilómetros de carreteras polvorientas perdidas de la mano de Alá. Tanto tiempo mirando el paisaje nos ha hecho reflexionar y tomar una decisión: en este viaje vamos a ver el lado positivo de las cosas. Pase lo que pase.
Llegamos a Marrakech y cogimos un taxi que, en lugar de alfombrillas, tenía ¡alfombras persas!

En él subidos nos fuimos a nuestro riad preferido, el Cecil. Pero, oh qué pena, por obra y gracia de un grupo de 18 estudiantes suizos, tenía todas las habitaciones ocupadas. Todas menos una... La número 26.
Al entrar a aquel cuartito de paredes resquebrajadas, nos recibió un olor... ¿cómo definirlo? como si a todo el mundo se le hubiera olvidado tirar de la cadena durante los últimos diez años... después de pasar por ahí un regimiento de camellería con diarrea. Como no somos tiquismiquis, nos tapamos la nariz y pusimos un plástico en el desagüe. Santas Pascuas.

Sábanas sucias. Paredes desconchadas. Camas para pitufos... Tanto nos dio lo mismo que lo mismo nos dio. Estábamos en positivo y nos fuimos a dormir, que estábamos muertos, pero... gritos, risas, carreras por el pasillo... el grupo de suizos había decidido vivir la noche loca, en frente de nuestra habitación, como si no hubiera un mañana. Pero a nosotros plin. Positivos, positivos. A eso de las tres de la madrugada se sincronizaron como relojes, enmudecieron y se durmieron, ignoramos si juntos o por separado.
Por fin cerramos los ojos, agotados y... un chorro de agua marroncilla empezó a caernos cual cascada sobre la cara. Apartamos el mejunje y miramos hacia el techo: un agujero (a la altura de la almohada) dejaba pasar el agua del váter (y TODO su contenido) del piso superior cada vez que le daban a la cisterna...
Positiv... ¡Se acabó! Acordándonos de todos sus difuntos, juramos en árabe y en arameo y pedimos un cambio de habitación. El de recepción reía. Pasaba de nosotros. Decía algo así como hablababuchoquenoteescucho. Se levantó y se fue. Dejándonos allí. Abatidos. Agotados. Con la cara meada.

Entonces Guille tomó las riendas. ¡Voy a poner los huevos sobre la mesa! Amenazó, aunque, afortunadamente, no lo cumplió. A cambio, como dice la canción, sacó fuera de sí su agüita amarilla, y regó, manguera en mano, toda la recepción. No hay foto del momento porque... salimos corriendo.
Ya no podremos volver al Cecil. Nunca más. Si alguien de allí lee esto, perdón, nos dejamos llevar por la emoción de la ley del Talión (ésa del ojo por ojo, meado por meada). Afortunadamente, hemos encontrado otro riad en el que nos quedaremos la próxima vez que vayamos a Marrakech. Es de una tía de Inma, Rita,que se lo tenía muy calladito:

Mañana... Fez.

Cumpleaaaaaños feeeeeee.... liz

Querida Jimena, te deseamos, desde la distancia, un cumpleaños feliz de la mejor manera que se puede desear: sin desafinar.

Tenemos un regalo moruno para ti (aparte de nuestro cariño, ejem) que te daremos cuando nos veamos, más pronto o más tarde, que aquí estamos muy bien. Así que, de momento:

عيد ميلاد سعيد

O, lo que es lo mismo:

Eeid milad sa'id!!

domingo, 29 de septiembre de 2013

El bazar de las sorpresas

Colmadas y superadas nuestras expectativas (cinéfilas y marujiles), nos dimos una vuelta por la kasbah y la ciudad amurallada de Ouarzazate, a la sazón la que poseyeron Michael Caine y Sean Connery en El hombre que pudo reinar (John Houston, 1975).
Y luego, en el bazar, y ya sí que rematamos el día, nos esperaba una sorpresa alucinante. Entre regateadores, rezos cinco veces al día y odres polvorientos vimos, negro, sonriente, a lo lejos y solo a…
Freeman, ¡MOR-GAN FREEMAN!
¿Morgan? Lo llamamos esperanzados. ¿Aló? Nos respondió él, amabilísimo, simpatiquísimo. ¿Foto with nosotros, Morgan, please? Qué nervios. Qué momento... ¡qué flaco estaba! Como fuera que el hombre era encantador, y que Guille lo llamaba don Morgan, y parece que le hacía gracia, posó para nosotros con una sonrisa.
Qué felices somos, Morgan, le dijimos, deshechos por la emoción. Qué poco creído te lo tienes. Qué gran estrella y qué humano eres al mismo tiempo, Morgan. Aunque... un momento... ¿por qué nos hablas solo en árabe, Morgan? ¿y por qué intentas encasquetarnos una alfombra por 2.000 dirham? ¿y esos dientes amarillos, Morgan? ¿Mor...? ¿por qué corres con nuestro dinero? ¡Morgaaaaaaaaan!

Por lo visto, aquí los bolsos de Chanel del zoco no son lo único falso. Mañana volvemos a Marrakech, no porque se nos olvidara comprar azafrán, que también, sino porque nos pilla de camino hacia el norte. A Fez.

Cartón piedra al canto

Ouarzazate. Ocho horas de camino, las que tardamos en llegar hasta aquí desde Agadir, y todavía nos cuesta pronunciar el nombre de este pueblo barrido por los vientos del Sáhara y al que un detalle lo ha situado en el mapa mundial: es la meca del cine africano. 
Que sí, que tiene una kasbah milenaria del pachá fulano, que si no hay nada igual comparable a sus construcciones típicas bereberes, que si los oasis te dejan ojiplático, que si las rutas en camello son una experiencia religiosa… ya... pero nosotros solo hemos venido a ver una cosa: los estudios de cine más importantes de Marruecos, y los más grandes del mundo, los Atlas Studios, donde se han rodado muchas de nuestras películas prefer… bueno, un montón de películas malas y también algunas obras maestras. En fin, pisar el mismo suelo que Brad Pitt, Monica Bellucci, Sean Connery, Michael Caine, Penélope Cruz o Gérard Depardieu. A ver qué se siente.
Como en su día lo fue Almería con el western, Ouarzazate es desde hace cincuenta años un plató donde se han rodado, y todavía se ruedan, películas de todo pelaje, sobre todo aventureras e históricas.
‘La puerta del desierto’, que así llaman a este sitio singular, tiene una mezcla de paisajes que sirven tanto para un roto como para un descosido cinematográfico: cimas nevadas, llanuras desérticas, fértiles valles, palmerales interminables, espectaculares dunas... Todos amplios, deshabitados y susceptibles de convertirse fácilmente en Somalia, Libia, Egipto, Arabia, Palestina o la Roma antigua.
 Y nosotros, que somos susceptibles de convertirnos también en cualquier cosa, nos perdimos entre cientos de maquetas y decorados creados especialmente para las superproducciones rodadas allí.

La fachada de los Atlas Studios es solo un aperitivo de lo que te vas a encontrar dentro: 
 a medio camino entre murallas árabes y templos egipcios, esconde 160 hectáreas de las que 30 están ocupadas sólo por decorados.

Dentro todavía se conserva un templo tibetano (de 1997 para Kundun, de Martin Scorsese), 
 el mercado de esclavos de Gladiator, 

o el avión utilizado por Michael Douglas en La Joya del Nilo (Lewis Teague, 1985), 
además de una enorme galera abandonada después de mil batallas 

y múltiples construcciones romanas y de inspiración cristiana (ermitas, claustros, etc) típicas de las películas con las que nos amodorran las televisiones cuando se acerca Semana Santa. 





En Ouarzazate se han rodado, entre miles de películas, El hombre que pudo reinar (John Houston, 1975), La última tentación de Cristo (Martin Scorsese, 1988), Los héroes del tiempo (1981), la saga de La Momia (1999), la del Principe de Persia: las arenas del tiempo (Mike Newell, 2010), Lawrence de Arabia, Alejandro Magno, El cielo protector, Sahara (2005), Jesús de Nazareth (Franco Zeffirelli, 1997) Sexo en Nueva York 2 (2011), Spy Game, Astérix y Obélix: misión Cleopatra (2002), Babel (A. Glez. Iñárritu, 2006), El cielo protector (Bernardo Bertolucci, 1990) ...

viernes, 27 de septiembre de 2013

29 de enero de 1960: 11.45 horas

Por un error informático y mental, la entrada sobre Agadir se ha borrado, la reescribiremos en breve.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Última noche en Marrakech

Ya estamos en Agadir. Ayer fue nuestra última noche en Marrakech y quisimos acercarnos al legendario hotel La Mamounia, sinónimo de distinción y glamour, y uno de los más lujosos del mundo. Como no nos sobraban en ese momento unos cuantos miles de dírhams para pernoctar, decidimos entrar (con una pequeña mentira, Alá sepa perdonarnos) sólo para hacernos las finas (a Guille no lo dejaron pasar por llevar pantalón corto) y de paso alguna foto en su precioso jardín.

Después, volvimos al territorio donde nos movemos como peces en el agua, más cutre, más afectuoso y, especialmente, más divertido.




Aquí los mininos son lo maximino

Gatos y gatos. Los marroquíes, y los musulmanes en general, tienen predilección por los mininos, a los que otorgan un carácter sagrado, y éstos están muy presentes en sus vidas. Hay gatos en las mezquitas, en los palacios, en los cementerios... y hasta en la sopa.


Parece que el Profeta tenía una gatita llamada Muezza que se quedó dormida sobre la manga de su túnica antes de que él saliera. Entonces, para no interrumpir su descanso, cortó la tela y abandonó la habitación muy despacio, con extremo cuidado y volviendo la vista hacia atrás enternecido. Al volver, Muezza lo recibió con mimo, arqueando su lomo, y Mahoma entonces le otorgó a todos los gatos la gracia de caer de pie y de entrar en el paraíso.
Por el contrario, ni un solo perro hemos visto pasear sus huesos en lontananza, cuenta algún marroquí que espantan a los ángeles... aunque bien puede ser que uno mordiera a Mahoma, o que le pegara algunas pulgas... lo cierto es que no son bien aceptados por los musulmanes, hasta tal punto si alguno les roza la chilaba, tienen que cambiársela de inmediato porque estaría "impura". ¿Sabías eso? Pues ya sí.






Uno a uno

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